domingo, 26 de abril de 2015

Literatura infantil y juvenil: análisis teórico 


Sin lugar a dudas, la teoría amplía y diversifica nuestra visión con respecto a la literatura infantil y juvenil.  

El concepto de mediadores de la literatura me acompañará en el siguiente escrito, puesto que el valor que tenemos como mediador es realmente importantísimo. Somos, en esencia el camino y la unión entre la lectura y nuestros jóvenes lectores. Nosotros llevamos en nuestros corazones el amor hacia la literatura, por ende, tenemos ese carisma esencial para transmitirlo. A continuación, se detallarán algunos aspectos concluidos, en base a la teoría y puntos de vista que se han estado trabajando en el módulo 2 de este diplomado. 

Parafraseando a Lluch, tenemos claro que la literatura infantil y juvenil nos rodea ampliamente, y ya no es llamativo el definirla como tal, sino, a sus extensiones, los tipos y subdivisiones que podemos encontrar en esta. Lo que debemos de considerar ahora y en un futuro, son los campos que estas divisiones abordan, puesto que hay libros que fueron creados para niños, pero han sido leídos por adultos, como ocurre también de forma viceversa. Dicho fenómeno se desarrolla por diversas situaciones: la propia realidad a la que nos vemos enfrentados, las experiencias que se nutren de éstas, nuestra capacidad innata de sorprendernos frente a distintos temas y realidades, qué tan cotidiano nos gustan los relatos, o que tan maravillosos o fantásticos, para seducir nuestra imaginación. Extraigo una cita de Joel Franz Rosell, que afirma lo anteriormente comentado: "Toda obra maestra de literatura infantil es el resultado de un descubrimiento, de una invención, de una revelación, de un compromiso del espíritu del autor –inevitablemente un adulto– con las esencias y posibilidades de lo humano que se revelan a través de los niños". (Rosell, J.) 

Esta cita, une de cierta forma la introducción a este nuevo análisis y entrada de blog. Nosotros tenemos un rol fundamental de mediador, pero necesitamos también de los niños y su lectura, no solo para que ellos también adquieran el poder de mediar su lectura entre sus pares, sino que además, vivan y experimenten, creen un propio nuevo mundo a base del libro que cobijaron con sus manos y comprendieron con su corazón. Tiene  razón Rosell,  cuando expone a la literatura Infantil como aporte y escalón a la literatura que hoy en día denominamos universal, en esa calidez antes descrita. 

Se da la analogía que autores decidan escribir "textos para niños, pero no son para niños", como también, autores de libros infantiles que desde un principio, pensaban o se imaginaban un pequeño lector leyendo su creación, e incluso, los autores que sencilla y llanamente escribieron, pero con el tiempo, su literatura se acopló al universo infantil-juvenil. Los resultados de sus escrituras son producto de sus catarsis internas, las que desean reflejar la promulgación de valores, experiencias -en ocasiones, no tan buenas- disfrazadas con un tono y vaivén suave, pero implícitamente desgarrador.  

No es literatura infantil como tal, pero no pude evitar recordar el poema de Gabriela Mistral, Caperucita roja, que de forma cantada e ilusa, nos expone la violación y asesinato de una pequeña niña. Todos sabemos la vida y obra de Gabriela Mistral, que se dedicó casi en su totalidad, a escribir por y para los niños, pero este poema (con nombre de cuento infantil) sale de su cotidiano contexto. Recordando este poema, mi memoria viajó a años anteriores, ¿quién no cantó la canción: Alicia va en el coche, carolín? Este es otro ejemplo de cómo se percibe una información "entre líneas" (como diría Cassany), un mensaje que va más allá de la inocencia, y que se necesita decodificar de dos formas, para comprender realmente lo que se quiere decir o expresar. Otro ejemplo más antiguo aún, y que sobrepasa la tecnología en el colegio: los juegos de palmas. ¿Cuántos de nosotros jugamos a "Frutillita"? Sin lugar a dudas, es una canción que tenemos guardada en nuestra memoria, y posiblemente se la enseñemos a nuestros hijos, sin darnos cuenta lo textualmente agresivo del mensaje. Uno de los tres videos que pudimos ver para fomentar nuestro análisis, refleja en parte lo que he deseado explicar con estos ejemplos claros en nuestra infancia. Aquellos cuentos breves, el del escarabajo que encuentra un nuevo amiguito y con él hacen las cosas más sencillas, la inocencia de Orestes, el animalito que no sabía cómo era el ser humano, desconociendo lo terrible que hace este en su biodiversidad, pero el que me llamó más la atención, fue el de Uno, que deseaba buscar un amigo, rechazando a Cero -haciéndole entender que no vale nada-, y luego, siente lo mismo que provocó él a dicho personaje, cuando el par de Dos le paga con la misma moneda. Se me vienen más ejemplos de este tipo, pero sería materia para analizar después. 


Uno de los artículos que más me gustó leer, fue sin lugar a dudas el de la argentina Adriana Bodoc. Es ella quien, a través de un lenguaje poético, explícito y detallado, aterriza toda materia con respecto a la LIJ. Cito: "Lo que sí creo es que la singularidad de la LIJ con relación a la literatura para adultos es como la trágica singularidad de los siameses: son dos porque son uno. Un torso con dos cabezas que, a veces, se ladran. Pero que, sin embargo, comparten la misma materia y la misma energía. Y que ni siquiera pueden andar sin arrastrar a la otra tras de sí. Fenómeno que ocurre en ambas direcciones". (Bodoc, Adriana. Pág. 244). Esta cita hace alusión a lo que Lluch comenta en su entrevista, de que es necesario ampliar el campo de investigación, por supuesto, pero que eso no significa verlo con formas distintas, porque a pesar de ser algo magnífico y de gran envergadura, no se puede perder el hito, el comienzo, porque juntas hacen una; juntas, hace la historia. 

Sin lugar a dudas, los medios de comunicación masiva, sobre todo el internet, han permitido que muchos niños y jóvenes se acerquen a la literatura. El tercer video resume varios puntos del power point; se aprecia un texto que todos conocemos, Alicia en el país de las Maravillas, y como, de forma no lineal, se puede ir leyendo. La tecnología en ese aspecto se utiliza de buena fe, permitiendo averiguar el significado de palabras que el lector no pueda comprender, el de crear una intertextualidad entre el escrito y lo contemporáneo de nuestros días, permite que principalmente los jóvenes, lean mucho más, aunque sea literatura deslocalizada. 

Es lo bonito de la literatura, va creciendo con las nuevas generaciones, se va adaptando sin perder su esencia, se arriesga con las temáticas controversiales, porque no solo se imagina a su lector, como pequeño lector, sino como un ser humano que va en vías de crecer, que debe desarrollar problemáticas para enfrentar no una, sino, diversas situaciones. Lo clásico siempre será nombrado, pero lo actual y arriesgado, también nos permite contrastar los nuevos elementos que están en juego, los avances y situaciones que nos acercan más a los personajes, y por ende, nos permite transformarnos en ese cristal que alude Rosell, que ilumina todo a su ancho, logrando así, un júbilo en los autores literarios, para que de esta forma, ellos puedan declamar: "¡Misión cumplida!"

domingo, 19 de abril de 2015

De cómo la literatura, es parte de mi vida.

¿Qué es la literatura infantil?

Es un par de alas o una nube voladora, que permite que viajes a universos inalcanzables, que conozcas lugares que quizás, nunca habrías pensado que existen. Encuentras a un gemelo o gemela tuyo, dentro de algún libro, y lo vuelves a leer, una y otra vez, porque la adrenalina y los sentimientos que afloran dentro de ti, son indescriptibles. La literatura infantil, es tu más fiel compañero de imaginaciones, despierta en ti el deseo de poder ser parte de ese mundo, y por qué no, contárselo al resto de personas que viven a tu alrededor.

Es el primer escalón, a un mundo enriquecido de valores y narraciones extraordinarias. 

Biografía literaria.

De pequeña, mis padres inculcaron en mí el cariño hacia la literatura; no podía dormirme, si ellos no me contaban el cuento de "La Caperucita roja", y después de este, no cantaban la canción de cuna, "Voy a dar la vuelta al mundo montado en un burrito". 

Cuando comencé a estudiar y aprendí a leer en primero básico, mis padres nos dieron la noticia de que volveríamos a tener otro hermanit@ en la familia. Para mí, era una situación completamente nueva, puesto que con mi primer hermano, nos llevamos solo por dos años, no recordaba lo pequeños que son, ni tampoco podías tener mayores responsabilidades para cuidarlo, por lo que a los siete años, sí podías hacerlo -según mi visión de hermana mayor-. Fue así como llegué a la biblioteca de mi colegio, y comencé a buscar algún libro que me ayudase a instruirme en esto de adquirir mayores responsabilidades. Y fue como encontré el primer libro que leí en mi infancia: "De como decidí, convertirme en hermano mayor" (Dimiter Inkiow). Iba todos los recreos a leer una o dos páginas, y tardé muchos meses en poder terminarlo, tanto así, que mi hermana nació a los días después de acabar con su lectura.

Sin lugar a dudas, ese libro marcó mi vida. Sentí un acompañamiento especial, me sentí identificada y lo mejor de todo, ¡Los personajes tenían los mismos sentimientos y problemáticas que yo! Fue entonces imposible abandonar la biblioteca. Durante los primeros cuatro años de la enseñanza básica, ya me había leído la primera saga de libros, Papelucho. Y con el tiempo, y a medida que iba creciendo, leía en otros sitios, con la llegada del internet a la casa y las nuevas amistades, terminé mi octavo año básico de igual forma en la biblioteca, pero no sola, sino con dos amigas, con las cuales nos leímos cuanta saga nos ofrecía la bibliotecaria, una que nos marcó sin lugar a dudas, "El pequeño vampiro" (Angela Sommer-Bodenburg).

No me considero una persona solitaria, pero aprendí a valorar y a imaginar un mundo gracias a la literatura. Ninguno de mis hermanos lee "por gusto", y mis nuevos amigos del liceo tampoco lo hacían. De ese modo llegué a foros literarios de las sagas que me gustaban en mi pubertad (aún no se oficializaba la red social de Facebook, por ende, los foros eran un medio de comunicación masivo a nivel mundial), como Harry Potter y Crepúsculo, y teniendo atracción por la cultura asiática, rondaba de igual manera en foros de mangas y series niponas. Ahí pude conocer a grandes personas, con las cuales mantengo un hermoso vínculo, escribíamos los tan famosos Fanfics, e incluso, algunas de ellas, ya son escritoras de renombre en España, publicando sus creaciones profesionalmente.

Saliendo de la secundaria, y teniendo como designio que no podía estudiar en otra ciudad que no fuese Antofagasta por la falta de dinero, no estudié Literatura en la capital, y de esa manera, la pedagogía -con la cual había crecido, puesto que mis padres son profesores- se instaló en mi vida. No me arrepiento en lo absoluto. Decidí entonces poder hacer algo más con mi vida, encontrar a gente que estuviese conmigo, con mis gustos, y gracias a internet nuevamente y a la creación de la primera película de Crepúsculo, logré fundar la comunidad regional de aquella saga, junto a cuatro chicas que coincidimos en un foro. 

Durante muchos años insentivamos la literatura, nos prestábamos libros, trabajábamos de forma social y voluntaria, para lograr mantener la literatura vampírica en la segunda región. Logramos ser un grupo de aproximadamente, sesenta personas activas, y unas cien de forma pasiva. Lamentablemente, las obligaciones académicas de cada uno de los integrantes se fue haciendo notar, y así como nació, con el tiempo, nos dejamos de juntar.

En la universidad comencé a leer no solo literatura traducida de Haruki Murakami en inglés, sino que comencé a leer tesinas e investigaciones referentes a su nombre. Ahora que soy una persona que genera dinero producto del trabajo, pude costearme su literatura física completa, tanto en japonés, como en inglés y español. Mi sueño es poder investigar a dicho autor, y poder traducir sus textos a nuestro idioma. A eso me dedico hoy, mientras estudio y trabajo.

Rosita llega a la escuela.

No teniendo experiencia alguna con enseñanza básica, trabajé inmediatamente en ella al defender mi título a mediados de julio del 2013. No comencé ejerciendo mi especialidad, sino que realicé clases en otra de mis pasiones, la música. Pero distinto fue el escenario el año pasado, cuando tuve que aprender a desenvolverme en cursos para mí, pequeños.

Uno de los problemas, y asumo que me costó demasiado, fue desarrollar el plan lector de quinto a octavo año básico. Fue un problema, porque no conocía a los alumnos, era nueva en aquel establecimiento, y los niños hoy en día, son totalmente distintos a como yo era hacía diez o quince años atrás. No seguí el consejo de "léete un resumen y hazles la evaluación no más", "busca en internet alguna prueba, revisa primero la del alumno más mateo y en base a eso, coloca la nota" y otros similares. Pensé en mis lecturas de antaño, analicé los textos que se encontraban disponibles en el CRA de la escuela y la biblioteca de la ciudad, pedí otros consejos a profesores de distintas localidades (grupos de profesores en Facebook por ejemplo) y armé cuatro listados, con muchos libros que jamás había leído.

A medida que iba transcurriendo el año, me daba cuenta de mis aciertos y mis errores. Traté de ir leyendo con ellos a la par, y hubo temáticas que realmente les encantaron, tanto como a mí.

Dentro de mis aciertos como mediadora, estuvo la saga de libros "El asesinato de la profesora de Castellano" (y luego Matemáticas, Ciencia y Música) del escritor español Jordi Sierra. Estos cuatro libros despertaron en sexto año básico, el poder del análisis y la participación contaste en las clases, por medio de acertijos y preguntas de ingenio. Lo bueno fue que no solo trabajaban los libros en la asignatura de lenguaje, sino también en las asignaturas con los títulos nombradas anteriormente.

Otros libros que agradaron a los estudiantes de quinto, fueron "Las brujas", de Roald Dahl y "Mundo de cartón", de Gloría Alegría. Se pudo comprobar su entusiasmo, con los comentarios de los apoderados frente a la lectura.

En los cursos séptimo y octavo año básico, los libros seleccionados, aunque fuesen de distintas temáticas, clásicos o nuevos, no captaban la atención de ellos, aún siendo evaluados con diversas metodologías. En aquellos cursos existía un problema de años anteriores, que solo con el pasar de los meses, se pudo ir solucionando, auqnue el trabajo no quedó finalizado debido al paro de profesores.

Lo bueno de mi experiencia en mi primer año como mediadora, y sin lugar a dudas, una de las actividades que más me gustó, junto con mis alumnos, fue justamente una realizada con un séptimo año básico. Ellos relataban cuentos infantiles. Distintos grupos de alumnos leían cuentos con efectos especiales, se grabó un CD titulado "Audiocuentos", y estos fueron siendo entregados por los mismos alumnos disfrazados de personajes emblemáticos, desde la escuela de párvulo, hasta los alumnos de cuarto año básico.

Hoy en día, mi deber como mediadora de LIJ se encuentra un poco estancada. No porque desee que sea así, sino por mi abrupto cambio de escenario pedagógico. De igual forma, de a poco estoy logrando que mis nuevos alumnos -no muy jóvenes- se interesen en la literatura. Quizás no para ellos, pero sí para sus hijos y nietos.